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16 de noviembre de 2015

Misericordia de Dios en el mundo obrero


Comunicado final de las XXI Jornadas Generales de Pastoral Obrera


Convocados por el Departamento de Pastoral Obrera de la CEAS, de la Conferencia Episcopal, presididos por Mons. Antonio Algora Hernando, y con la presencia de Mons. Jesus García Burillo, nos hemos reunido en Ávila, los días 14 y 15 de noviembre, alrededor de 70 personas de más de treinta diócesis, junto con los presidentes y presidentas de los Movimientos Apostólicos Obreros, para celebrar las XXI Jornadas Generales de Pastoral Obrera.

En el transcurso de las mismas nos hemos sentido conmocionados por el atentado terrorista ocurrido en París, por la muerte injusta e injustificable. Nos duelen estas muertes porque nos duele la vida de cada ser humano que se pierde por causa de la injusticia, y nos reafirmamos en la necesidad de construir una cultura de la paz, sobre la base de la justicia entre los pueblos.

El lema de este encuentro, “Misericordia de Dios para el mundo obrero” ha querido expresar lo que desde siempre, y hoy, quiere ser la Iglesia a través de la Pastoral Obrera, encarnada en la realidad de desempleo, precariedad, deshumanización que viven los hombres y mujeres del trabajo, y responder a la convocatoria del Año de la Misericordia realizada por el papa Francisco.

La realidad de empobrecimiento y deshumanización, -especialmente manifestada en el desempleo de los mayores de 45 años, la precariedad del empleo juvenil, el subempleo de la mujer, la situación laboral de los inmigrantes, las situaciones de pobreza de multitud de familias obreras- la hemos iluminado con la reflexión del teólogo Jesús Espeja, y las experiencias de las diócesis de Sevilla, Cantabria, Bilbao, Ciudad Real y Plasencia, que hemos compartido, y que nos llevan a la conciencia de lo que hay que hacer, y de que es posible hacerlo, como testimonio de la Verdad.

En una sociedad en que el trabajo humano es configurado, cada vez más, como un instrumento de mercantilización de la vida humana, como un instrumento de deshumanización y empobrecimiento, que nos priva de la sagrada dignidad a quienes hemos de trabajar para poder desarrollar nuestra existencia en plenitud, nos vemos urgidos hoy a dotar de sentido el trabajo humano, recuperando su esencial servicio al desarrollo de un verdadero proyecto de humanización personal y comunitario.

Trabajar, poder satisfacer las verdaderas necesidades humanas, realizar la propia vocación, contribuir a la construcción de una sociedad fraterna y humana, posibilitar cauces de construcción de la vida social y política, contribuir, en fin, al bien común, es algo que realiza la persona que trabaja. Deshumanizar el trabajo, precarizándolo e impidiéndolo, destruye la vida social, nos convierte en una sociedad incapaz de mirar compasivamente las necesidades de los más pobres.

Como Iglesia de Jesucristo que quiere caminar con su pueblo, sentimos la invitación renovada del Señor Jesús a ser con nuestra vida instrumentos de la Misericordia de Dios para el mundo obrero, y para ello hemos de renovar nuestro compromiso de presencia encarnada en medio de la vida del mundo obrero y del trabajo para:

. Mirar con misericordia la vida del mundo obrero, oyendo compasivamente su clamor de justicia, y acoger con misericordia a todas las personas que son víctimas de esta economía que descarta a las personas, y las sume en una vida de precariedad; que mata.

. Seguir creciendo en nuestra conversión a Jesucristo y a los empobrecidos, personal y comunitariamente, en nuestras maneras de pensar, en nuestras prácticas, en nuestros estilos de vida y consumo, en nuestra austeridad, en nuestras vidas...

. Seguir denunciando toda injusticia, todo aquello que despersonaliza el trabajo humano, que lo priva de su sagrada dignidad como nos recuerda a menudo el papa Francisco, dignidad que radica en ser el trabajo algo inseparable del ser humano, creado a imagen de Dios.

. Seguir generando dinámicas de solidaridad y comunión en nuestra Iglesia, y crear redes sociales y eclesiales para continuar trabajando por la Justicia que se construye desde la Misericordia.

. Continuar haciendo posibles experiencias concretas de comunión que, desde la lógica del don y la gratuidad, muestren que otro trabajo, otra economía, y otra sociedad son posibles.

Dios, padre de la Misericordia y del Consuelo, aliente nuestro servicio, llene de su ternura la vida del mundo obrero, y nos haga ser instrumentos de su amor, y María de Nazaret, madre de los pobres, nos guíe nuestros para caminar humildemente con nuestro Dios. (Mq 6, 8)


Ávila, 15 de noviembre de 2015


 
 

26 de abril de 2015

Por un trabajo decente, por un domingo libre de trabajo

Nota para la festividad del 1º de mayo, San José Obrero


En la celebración del 1º de mayo, San José Obrero, fiesta cristiana del trabajo, se nos ofrece un año más la ocasión de recordar lo que celebramos y de seguir empeñando nuestras fuerzas, las que Dios nos da, en la construcción del Reino de Dios. Es el permanente compromiso de la Iglesia que quiere seguir, en fidelidad, los pasos de su Señor; es el compromiso que se nos ha invitado a vivir renovadamente con ocasión del reciente XX aniversario de "La pastoral Obrera de toda la Iglesia".

Tristemente, tenemos que seguir reconociendo la existencia de injusticias que afectan directamente a los hombres y mujeres del mundo del trabajo y a sus familias, deshumanizando la vida, precarizando el trabajo y la existencia, dificultando la vida familiar y los proyectos personales: el desempleo, la precariedad, la desregulación de las condiciones de trabajo, las inhumanas condiciones de trabajo en algunos sectores productivos, la falta de reconocimiento efectivo de derechos laborales que son expresión de los derechos humanos, y de la sagrada dignidad de la persona; se sigue anteponiendo el beneficio a la dignidad del trabajo humano.

En palabras del Papa Francisco: "Es hora de favorecer las políticas de empleo, pero es necesario sobre todo volver a dar dignidad al trabajo, garantizando también las condiciones adecuadas para su desarrollo. Eso implica, por una lado, buscar nuevos modos para compaginar la flexibilidad del mercado con la necesaria estabilidad y seguridad de las perspectiva laborales, indispensables para el desarrollo humano de los trabajadores; por otro lado, significa favorecer un adecuado contexto social que no apunte a la explotación de las personas, sino a garantizar, a través del trabajo, la posibilidad de construir una familia y de educar a los hijos... Ha llegado la hora de construir juntos la Europa que no gire en torno a la economía, sino a la sacralidad de la persona humana".

Esta tarea, que es de toda la sociedad, es también una tarea propiamente eclesial, porque lo que está en juego en un trabajo digno es la dignidad de la persona y la suerte de los pobres, por eso invitamos a toda la comunidad eclesial a implicarse en esta tarea como "nuestra causa". Es la invitación de san Juan Pablo II:
"Para realizar la justicia social... son siempre necesarios nuevos movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo. Esta solidaridad debe estar siempre presente allí donde lo requiera la degradación social del sujeto del trabajo, la explotación de los trabajadores... La Iglesia está vivamente comprometida en esta causa, porque la considera como su misión, como verificación de su fidelidad a Cristo, para poder ser realmente la "Iglesia de los pobres". Y los pobres... aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano: bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo -es decir por la plaga del desempleo-, bien porque se desprecia el trabajo y los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia".

Es necesario poner en el centro de la vida social, política y económica a la persona, poner el trabajo por delante del capital. Es imprescindible el trabajo digno para hacer posible una vida digna hoy para personas y familias. Es necesario promover políticas de fomento del empleo digno y estable por encima de cualquier otra cosa.

Por eso adquiere especial significación en esta situación la campaña que diversas organizaciones católicas en nuestro país han puesto en marcha, acogiendo la Declaración por un trabajo decente que representantes de organizaciones de inspiración católica y de congregaciones religiosas, junto con las autoridades de la Santa Sede y los líderes de la Organización Internacional del Trabajo, hicieron pública en abril de 2014 con el objetivo de colocar explícitamente el "trabajo decente para todas las personas" entre los objetivos de desarrollo sostenible en la agenda post-2015.

Igualmente es importante promover condiciones de justicia que posibiliten un domingo libre de trabajo, y activar la campaña que en la COMECE (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea) se viene impulsando desde el año 2011.

Queremos hacer nuestro ese objetivo de promover y crear un entorno propicio al trabajo decente. Es esencial para enfrentar los desafíos actuales de creciente injusticia social y desigualdad, reforzando al mismo tiempo la dignidad humana y contribuyendo al bien común. Un trabajo decente que, como nos recordaba Benedicto XVI retomando la iniciativa de San Juan Pablo II, "significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación."

En efecto, no podemos dejar sin respuesta el sufrimiento humano resultante tanto de estructuras injustas como del egoísmo de las personas que da lugar a formas de trabajo precario o mal remunerado, del tráfico de seres humanos y de trabajo forzado, de variadas formas de desempleo juvenil y de migración forzada. En España, en Europa y en todo el mundo, el acceso a un trabajo decente debe ser una meta prioritaria de las políticas públicas y de las organizaciones sociales, empresariales y sindicales. Es necesaria la articulación de políticas en España, en la Unión Europea y en el ámbito de Naciones Unidas de cara a la consecución de este objetivo. Es urgente la formulación y puesta en práctica de un nuevo conjunto de objetivos de desarrollo internacionales, junto con unas condiciones de ayuda y unas políticas económicas.

Nuestro compromiso cristiano es siempre Acción de Gracias. La mejor manera que tenemos de celebrar esta fiesta es mediante la Acción de Gracias que reconoce con gratitud los bienes recibidos del Señor y nos impulsa a compartirlos con nuestros hermanos para que todos puedan vivir. La mejor manera de celebrarlo es encontrarnos en el camino de la Vida, tras los pasos del Señor Resucitado, acompañando la vida de los pobres y trabajando por recuperar su dignidad. A esa tarea os invitamos. En esa tarea nos encontramos.

1 de mayo de 2015

+ Antonio Ángel Algora Hernando
Obispo prior de Ciudad Real
Obispo responsable de Pastoral Obrera de la CEE

3 de junio de 2014

Construyamos espacios de esperanza


Mensaje con motivo de la Festividad del Corpus Christi, día de la Caridad
(22 de junio de 2014)


La fiesta del Corpus Christi nos invita a entrar en el misterio de la Eucaristía, "misterio que se convierte en el factor renovador de la historia y de todo el cosmos. En efecto, la institución de la Eucaristía muestra cómo aquella muerte, de por sí violenta y absurda, se ha transformado en Jesús en un supremo acto de amor y de liberación definitiva del mal para la humanidad"[1].
La Eucaristía, sacramento del amor, aviva en nosotros la conciencia de que donde hay amor brilla también la esperanza, pues allí donde el ser humano se siente amado, experimenta la salvación de Dios y descubre que es posible la esperanza.[2]
Desde este misterio de amor y de esperanza, que es la Eucaristía, los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social invitamos a todos los cristianos, y de manera especial a cuantos trabajáis en la acción caritativa y social, a abrir los ojos al sufrimiento de nuestros hermanos más pobres, a escuchar el clamor de los pueblos que padecen hambre y a construir juntos espacios de esperanza.

 Miremos la realidad desde los pobres

«He visto la opresión de mi pueblo» (Ex 3,7), dice Dios. La caridad comienza por abrir los ojos a la realidad, pero la realidad se puede mirar y valorar de diferentes maneras. Podemos ver la realidad desde el beneficio de las grandes empresas, desde el fluir de los préstamos bancarios, desde los intereses del mercado, desde la reducción del déficit y los resultados macroeconómicos o podemos leer la realidad desde el número de los parados, desde los desechados por el sistema, desde las rentas mínimas, desde los índices de pobreza, desde los recortes de los derechos sociales.
Nosotros queremos ver la realidad con los ojos de Dios, desde el lado de los pobres, como nos pide también el Papa Francisco.[3] Una mirada así, desde la realidad y los derechos de los pobres, nos permite señalar algunos indicadores verdaderamente preocupantes:
  • Tras más de seis años de crisis, las personas que no padecen ningún tipo de exclusión social se han convertido en una estricta minoría.
  • La fractura social entre aquellos que se encuentran en la franja de integración y los que se encuentran en situación de exclusión se amplía, llegando un sector de la población a una situación insostenible.
  • Entre ambos grupos, unas clases medias que decrecen y transitan, en buena parte, hacia espacios de exclusión.
  • Los datos más recientes de algunos estudios sociales[4] y la experiencia de nuestras Cáritas, nos hacen sentir una gran preocupación por el aumento progresivo de la desigualdad, por la reducción de los servicios sociales, por las dificultades para acceder a la vivienda, por la bajada en el nivel medio de la renta, por el índice creciente de la pobreza infantil.

Escuchemos el clamor de los pueblos

Nuestro Dios, que tiene ojos abiertos para ver, tiene también oídos atentos para escuchar a su pueblo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores, conozco sus sufrimientos» (Ex 3,7). Y hoy hemos de escuchar  «el clamor de pueblos enteros, de los pueblos más pobres de la tierra» (EG n. 190) que no solo tienen derecho a la comida o a un decoroso sustento, sino también a otros bienes que les permitan vivir con dignidad, lo que implica educación, acceso al cuidado de la salud, acceso al trabajo y a otros medios de desarrollo[5].
Esta es la llamada que nos hace Caritas Internationalis en su campaña “Una sola familia, alimentos para todos”, que queremos acoger y secundar también en el Día de la Caridad. No podemos olvidar que, según la FAO, hay más de 845 millones de personas con hambre crónica en el mundo, lo que constituye un verdadero motivo de escándalo, pues sabemos que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta, problema que se agrava con la práctica generalizada del derroche y el desperdicio de alimentos.[6]

Generemos espacios de esperanza

Ante el sufrimiento de los pobres y el clamor de los pueblos, no podemos quedar inactivos ni sumidos en la indiferencia y el desaliento. Las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía” (Lc,19) son una invitación a hacernos don, alimento, esperanza para los pobres. Así nos lo recuerda el Papa Francisco: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad: esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (EG n.187)
Ser instrumentos de liberación y promoción de los pobres, significa hoy  –según nos dice Cáritas en su Campaña- construir espacios que sean germen de un futuro distinto y generen esperanza. Y generamos espacios de esperanza en medio de una sociedad asfixiada por la crisis:
  • Cuando respondemos con gestos sencillos y cotidianos de solidaridad ante las necesidades de los hermanos y cambiamos nuestros hábitos alimentarios evitando el desperdicio de alimentos.
  • Cuando reconocemos la función social de la propiedad,  el destino universal de los bienes y defendemos los derechos de los más pobres aún a costa de renunciar los más favorecidos a algunos de sus derechos.
  • Cuando creamos una nueva mentalidad que nos lleva a pensar en términos de comunidad y a dar prioridad a la vida de todos sobre la apropiación indebida de los bienes por parte de algunos.
  • Cuando contribuimos a una economía al servicio del ser humano, no del dinero y el mercado, y rechazamos y denunciamos la economía de la exclusión y del descarte que mata.
  • Cuando apostamos por los más débiles, promovemos el desarrollo integral de los pobres y cooperamos para resolver las causas estructurales de la pobreza.
Con esta campaña Cáritas quiere ayudarnos a tomar conciencia del gran papel que jugamos cada persona, cada familia, cada comunidad, en este momento de la historia. Es una invitación a construir espacios de vida, de novedad, de justicia, de fraternidad, para restaurar los derechos de todas aquellas personas que viven en situación de pobreza y vulnerabilidad.
Por eso, con palabras de Francisco os decimos: «no os dejéis robar la esperanza». Desde el misterio de la Eucaristía, vida entregada para la vida del mundo, os animamos aquí  y ahora, en este momento de nuestra historia, a mirar la realidad desde los pobres, a escuchar su clamor y a generar cada día  pequeños espacios de esperanza.

Madrid, 15 de mayo de 2014
Comisión Episcopal de Pastoral Social
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[1] BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Sacramentum caritatis, 10.
[2] Cfr. Mt 26, 26-28; Jn 15,3; 1Cor 10,17; 11, 17-34; Cfr. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, n. 59.
[3] Cfr. FRANCISCO, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 187-192. En adelante EG.
[4] Nos referimos a los datos de Eurostat (2013) y al estudio “Análisis y Perspectivas 2014” de la Fundación FOESSA, publicado el 27 de marzo de 2014  bajo el título “Pobreza y Cohesión Social”.
[5] Cfr. FRANCISCO, Exhortación Evangelii Gaudium, 192.
[6] Cfr. FRANCISCO, Exhortación Evangelii Gaudium, 191.


RUEDA DE PRENSA DE PRESENTACIÓN DEL MENSAJE:

24 de noviembre de 2013

"No os dejéis robar la esperanza"



Comunicado final de las XIX Jornadas Generales de Pastoral Obrera

Bajo el lema “No os dejéis robar la esperanza” se han celebrado, en Ávila, los días 16 y 17 de noviembre, las decimonovenas Jornadas Generales de Pastoral Obrera, que organiza el Departamento de Pastoral Obrera de la CEAS, presidido por Mons. Antonio Algora Hernando, Obispo prior de Ciudad Real, con asistencia de delegaciones y secretariados diocesanos de pastoral obrera de 40 diócesis, y participación de los Movimientos Apostólicos Obreros. Hemos contado con la presencia y las palabras de ánimo de Mons. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila.

Constatamos que el desempleo, las condiciones indignas de trabajo, y la falta de esperanza asociada a esta larga crisis, generan precariedad y vulnerabilidad no solo laboral, sino precariedad vital. Nuestra sociedad es una sociedad fracturada, que genera exclusión, que deshumaniza, porque ha puesto al dinero en el centro de la vida económica, social y política. Nuestra sociedad ha olvidado que la persona es siempre lo primero, y que sólo el servicio al bien común de toda la persona y de todas las personas legitima la acción política y el dinamismo económico.[1] Y constatamos que esta situación es fruto de la acción interesada de poderes financieros, económicos y políticos, cuya acción inhumana hemos de seguir denunciando, por ser contraria al Evangelio.

Constatamos que la precariedad afecta no solo a las personas individualmente consideradas, sino a las familias enteras, a los niños y jóvenes, a los mayores, y a la misma estructura de la convivencia social. El deterioro humano que el desempleo creciente y la precariedad constante van generando clama ante el Dios de la Vida. Donde no hay trabajo, falta la dignidad. No podemos seguir recorriendo esos caminos. En nombre de Dios pedimos, como clamaba recientemente el Papa Francisco: ¡trabajo, trabajo, trabajo! [2]

Como miembros de la Iglesia somos conscientes de la necesidad de seguir reivindicando un trabajo decente para todos que sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación.[3] (CV 63) Nuestra sociedad debe buscar caminos para hacer posible un trabajo humano digno para todas las personas.

Queremos reconocer, valorar, y agradecer cuantos esfuerzos de solidaridad y humanización, y en pro de estructuras políticas y económicas más justas van surgiendo en nuestro mundo, y a cuantas personas –creyentes o no- hacen de la solidaridad con los últimos y de la lucha por la justicia, su camino de vida.


[1] Cfr. CDSI 398. Cfr. Papa Francisco, Viaje pastoral a Cagliari, Encuentro con el mundo del trabajo 22.09.2013; Discurso 03.10.2013 en el aniversario de Pacem in Terri;, y Discurso 25.05.2013 a la Fundación Centessimus Annus.
[2] Papa Francisco. Viaje pastoral a Cagliari. Encuentro con el mundo del trabajo 22.09.2013
[3]ritas in Veritate 63

2 de septiembre de 2013

Día del trabajo en Estados Unidos

El 1 de septiembre se celebra el Labor Day, el Día del Trabajo en Estados Unidos. La Declaración de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos para ese día este año nos invita a que como individuos y familias, como Iglesia, como organizaciones comunitarias, como negocios, como gobiernos, todos asumamos la responsabilidad de promover la dignidad del trabajo y de honrar los derechos de los trabajadores.

He aquí el inicio de dicha declaración.
El Día del Trabajo es una oportunidad para evaluar las maneras en que los trabajadores son honrados y respetados. A principios de este año el papa Francisco señaló: "El trabajo es fundamental para la dignidad de las personas. ... Este le da a uno la capacidad de sustentarse a sí mismo, a su familia, de contribuir al crecimiento de la nación de uno”. Lamentablemente a millones de trabajadores hoy día se les niega este honor y respeto como resultado del desempleo, el subempleo, los salarios injustos, el robo de salarios, el abuso y la explotación.
Para leer la Declaración entera y descargarla pinchar aquí.

18 de noviembre de 2012

Celebradas las XVIII Jornadas Generales de Pastoral Obrera


El Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera de Valladolid ha participado los días 17 y 18 de noviembre en el Seminario de Ávila en las Jornadas anuales de Pastoral Obrera. Ha sido un momento de compartir la vida expresada en las experiencias, oraciones y reflexiones. Y sobre todo una preocupación profunda: ¿cómo llevar al mundo obrero que se encuentra en unas condiciones tan precarias la buena noticia del Amor de Dios?.

El sábado 17, el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, D. Rafael Díaz Salazar intento iluminar la situación con su ponencia "Evangelizar en tiempos de crisis y precariedad laboral". Su aportación se vio completenda con las experiencias de una familia obrera cristiana y la respuesta de la Delegación de Pastoral Obrera de San Feliu.

A partir de esta reflexión y experiencias se pasó a un trabajo en grupos para profundizar en:
  • Los signos de los tiempos en la vida del mundo obrero y del trabajo.
  • La transmisión de la fe en el mundo obrero hoy, con especial preocupación por la familia obrera y la formación.
  • El contenido y la formulación de nuestra fe. ¿Cómo ser testigos de la fe para evangelizar el mundo obrero?.
Un rico debate en plenario sobre el trabajo de los grupos llevó a propuestas, pistas y sugerencias para seguir caminando.

En el desarrollo de las jornadas se expresó la preocupación por la constatación de que el interés y el deseo de evangelización del mundo obrero no es compartido por toda la comunidad eclesial, por lo que se hace necesario recordar el documento aprobado por la Asamblea de la Conferencia Episcopal Española "LA PASTORAL OBRERA DE TODA LA IGLESIA" y desarrollar las propuestas que en él se brindan.

Las Jornadas se han desarrollado en un clima de fraternidad cristiana y, como indicaba uno de los participantes, suponen un aliento para continuar con la tarea de proponer a Jesucristo al mundo obrero en cada una de las diócesis.

6 de noviembre de 2011

XVII Jornadas Generales de Pastoral Obrera

Los días 12 y 13 de noviembre, en el Seminario Diocesano de Avila, se van a celebrar las XVII Jornadas Generales de Pastoral Obrera organizadas por el Departamento de Pastoral Obrera de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar de la Conferencia Episcopal Española.

Estas Jornadas se convocan con el lema "LA PLAGA DEL DESEMPLEO, UNA VERDADERA CALAMIDAD SOCIAL", recordando el número 18 de la Encíclica de Juan Pablo II sobre el Trabajo Humano, "Laborem Exercens", de la que se conmemora su XXX Aniversario.

En estas Jornadas se pretende:
  • Reflexionar sobre la realidad del desempleo en la nueva configuración del trabajo. La mirada a los hechos.
  • Aportar el juicio cristiano de esta situación a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y el Evangelio.
  • Conocer la acción y las propuestas sindicales en relación al desempleo.
  • Concretar propuestas para el acompañamiento pastoral y la presencia evangelizadora con los
    trabajadores desempleados.
En representación de la diócesis de Valladolid acudirá el Director del Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera.

22 de octubre de 2011

Nota de la CEE ante las elecciones generales de 2011

        
1. El próximo día 20 de noviembre estamos todos convocados a las urnas. Con este motivo, los obispos ofrecemos a los católicos y a cuantos deseen escucharnos algunas consideraciones que ayuden al ejercicio responsable del deber de votar. Es nuestra obligación de pastores de la Iglesia orientar el discernimiento moral para la justa toma de decisiones que afectan a la realización del bien común y al reconocimiento y la tutela de los derechos fundamentales, como es el caso de las elecciones generales.

2. En su discurso sobre los fundamentos del derecho, pronunciado el mes pasado ante el Parlamento federal de Alemania, el Papa recordaba que “el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. Se ha referido, en cambio, a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho [...], la razón abierta al lenguaje del ser”. Nosotros hacemos nuestras consideraciones desde ese horizonte de los fundamentos prepolíticos del derecho, sin entrar en opciones de partido y sin pretender imponer a nadie ningún programa político. Cada uno deberá sopesar, en conciencia, a quién debe votar para obtener, en conjunto, el mayor bien posible en este momento.

3. No se podría hablar de decisiones políticas morales o inmorales, justas o injustas, si el criterio exclusivo o determinante para su calificación fuera el del éxito electoral o el del beneficio material. Esto supondría la subordinación del derecho al poder. Las decisiones políticas deben ser morales y justas, no sólo consensuadas o eficaces; por tanto, deben fundamentarse en la razón acorde con la naturaleza del ser humano. No es cierto que las disposiciones legales sean siempre morales y justas por el mero hecho de que emanen de organismos políticamente legítimos.

4. En concreto, como ha señalado el Papa en agosto, aquí en Madrid, la recta razón reconoce que hemos sido creados libres y para la libertad, pero que no actúan de modo conforme con la verdadera libertad quienes “creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces y cimientos que ellos mismos; desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar a cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento”.

5. Por todo ello, hemos de llamar de nuevo la atención sobre el peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, o que incluso llegan a tratar como un derecho lo que en realidad constituye un atentado contra el derecho a la vida. Son también peligrosos y nocivos para el bien común ordenamientos legales que no reconocen al matrimonio en su ser propio y específico, en cuanto unión firme de un varón y una mujer ordenada al bien de los esposos y de los hijos. Es necesario promover nuevas leyes que reconozcan y tutelen mejor el derecho de todos a la vida, así como el derecho de los españoles a ser tratados por la ley específicamente como “esposo” y “esposa”, en un matrimonio estable, que no quede a disposición de la voluntad de las partes ni, menos aún, de una sola de las partes.

6. La grave crisis económica actual reclama políticas sociales y económicas responsables y promotoras de la dignidad de las personas, que propicien el trabajo para todos. Pensamos en tantas familias, carentes de los medios necesarios para subvenir a sus necesidades más básicas. Pensamos también en el altísimo porcentaje de jóvenes que nunca han podido trabajar o que han perdido el trabajo y que, con razón, demandan condiciones más favorables para su presente y su futuro. Son necesarias políticas que favorezcan la libre iniciativa social en la producción y que incentiven el trabajo bien hecho, así como una justa distribución de las rentas; que corrijan los errores y desvíos cometidos en la administración de la hacienda pública y en las finanzas; que atiendan a las necesidades de los más vulnerables, como son los ancianos, los enfermos y los inmigrantes.

7. El ordenamiento jurídico debe facilitar el ejercicio efectivo del derecho que asiste a los niños y jóvenes a ser educados de modo que puedan desarrollar lo más posible todas sus capacidades. Debe evitar imposiciones ideológicas del Estado que lesionen el derecho de los padres a elegir la educación filosófica, moral y religiosa que deseen para sus hijos. En cambio, ha de ser facilitada la justa iniciativa social en este campo. La presencia de la enseñanza de la religión y moral católica en la escuela estatal - como asignatura fundamental opcional - es un modo de asegurar los derechos de la sociedad y de los padres que exige hoy una regulación más adecuada para que esos derechos sean efectivamente tutelados.

8. Recordamos de nuevo que se reconoce la legitimidad moral de los nacionalismos o regionalismos que, por métodos pacíficos, desean una nueva configuración de la unidad del estado español. Y también, que es necesario tutelar el bien común de la nación española en su conjunto, evitando los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública por causa de pretensiones separatistas o ideológicas de cualquier tipo.

9. Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, dado que el terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión justa y razonable de la vida.

10. Ante los desafíos que se presentan a la comunidad internacional, son necesarias políticas guiadas por la búsqueda sincera de la paz, basadas en el respeto al derecho, nacional e internacional, así como en la promoción del entendimiento y de la solidaridad entre los pueblos y las culturas.

Pedimos al Señor de la paz y a su Madre santísima que iluminen a quienes vamos a votar, para que lo hagamos de manera verdaderamente libre y responsable.