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3 de junio de 2014

Construyamos espacios de esperanza


Mensaje con motivo de la Festividad del Corpus Christi, día de la Caridad
(22 de junio de 2014)


La fiesta del Corpus Christi nos invita a entrar en el misterio de la Eucaristía, "misterio que se convierte en el factor renovador de la historia y de todo el cosmos. En efecto, la institución de la Eucaristía muestra cómo aquella muerte, de por sí violenta y absurda, se ha transformado en Jesús en un supremo acto de amor y de liberación definitiva del mal para la humanidad"[1].
La Eucaristía, sacramento del amor, aviva en nosotros la conciencia de que donde hay amor brilla también la esperanza, pues allí donde el ser humano se siente amado, experimenta la salvación de Dios y descubre que es posible la esperanza.[2]
Desde este misterio de amor y de esperanza, que es la Eucaristía, los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social invitamos a todos los cristianos, y de manera especial a cuantos trabajáis en la acción caritativa y social, a abrir los ojos al sufrimiento de nuestros hermanos más pobres, a escuchar el clamor de los pueblos que padecen hambre y a construir juntos espacios de esperanza.

 Miremos la realidad desde los pobres

«He visto la opresión de mi pueblo» (Ex 3,7), dice Dios. La caridad comienza por abrir los ojos a la realidad, pero la realidad se puede mirar y valorar de diferentes maneras. Podemos ver la realidad desde el beneficio de las grandes empresas, desde el fluir de los préstamos bancarios, desde los intereses del mercado, desde la reducción del déficit y los resultados macroeconómicos o podemos leer la realidad desde el número de los parados, desde los desechados por el sistema, desde las rentas mínimas, desde los índices de pobreza, desde los recortes de los derechos sociales.
Nosotros queremos ver la realidad con los ojos de Dios, desde el lado de los pobres, como nos pide también el Papa Francisco.[3] Una mirada así, desde la realidad y los derechos de los pobres, nos permite señalar algunos indicadores verdaderamente preocupantes:
  • Tras más de seis años de crisis, las personas que no padecen ningún tipo de exclusión social se han convertido en una estricta minoría.
  • La fractura social entre aquellos que se encuentran en la franja de integración y los que se encuentran en situación de exclusión se amplía, llegando un sector de la población a una situación insostenible.
  • Entre ambos grupos, unas clases medias que decrecen y transitan, en buena parte, hacia espacios de exclusión.
  • Los datos más recientes de algunos estudios sociales[4] y la experiencia de nuestras Cáritas, nos hacen sentir una gran preocupación por el aumento progresivo de la desigualdad, por la reducción de los servicios sociales, por las dificultades para acceder a la vivienda, por la bajada en el nivel medio de la renta, por el índice creciente de la pobreza infantil.

Escuchemos el clamor de los pueblos

Nuestro Dios, que tiene ojos abiertos para ver, tiene también oídos atentos para escuchar a su pueblo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores, conozco sus sufrimientos» (Ex 3,7). Y hoy hemos de escuchar  «el clamor de pueblos enteros, de los pueblos más pobres de la tierra» (EG n. 190) que no solo tienen derecho a la comida o a un decoroso sustento, sino también a otros bienes que les permitan vivir con dignidad, lo que implica educación, acceso al cuidado de la salud, acceso al trabajo y a otros medios de desarrollo[5].
Esta es la llamada que nos hace Caritas Internationalis en su campaña “Una sola familia, alimentos para todos”, que queremos acoger y secundar también en el Día de la Caridad. No podemos olvidar que, según la FAO, hay más de 845 millones de personas con hambre crónica en el mundo, lo que constituye un verdadero motivo de escándalo, pues sabemos que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta, problema que se agrava con la práctica generalizada del derroche y el desperdicio de alimentos.[6]

Generemos espacios de esperanza

Ante el sufrimiento de los pobres y el clamor de los pueblos, no podemos quedar inactivos ni sumidos en la indiferencia y el desaliento. Las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía” (Lc,19) son una invitación a hacernos don, alimento, esperanza para los pobres. Así nos lo recuerda el Papa Francisco: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad: esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (EG n.187)
Ser instrumentos de liberación y promoción de los pobres, significa hoy  –según nos dice Cáritas en su Campaña- construir espacios que sean germen de un futuro distinto y generen esperanza. Y generamos espacios de esperanza en medio de una sociedad asfixiada por la crisis:
  • Cuando respondemos con gestos sencillos y cotidianos de solidaridad ante las necesidades de los hermanos y cambiamos nuestros hábitos alimentarios evitando el desperdicio de alimentos.
  • Cuando reconocemos la función social de la propiedad,  el destino universal de los bienes y defendemos los derechos de los más pobres aún a costa de renunciar los más favorecidos a algunos de sus derechos.
  • Cuando creamos una nueva mentalidad que nos lleva a pensar en términos de comunidad y a dar prioridad a la vida de todos sobre la apropiación indebida de los bienes por parte de algunos.
  • Cuando contribuimos a una economía al servicio del ser humano, no del dinero y el mercado, y rechazamos y denunciamos la economía de la exclusión y del descarte que mata.
  • Cuando apostamos por los más débiles, promovemos el desarrollo integral de los pobres y cooperamos para resolver las causas estructurales de la pobreza.
Con esta campaña Cáritas quiere ayudarnos a tomar conciencia del gran papel que jugamos cada persona, cada familia, cada comunidad, en este momento de la historia. Es una invitación a construir espacios de vida, de novedad, de justicia, de fraternidad, para restaurar los derechos de todas aquellas personas que viven en situación de pobreza y vulnerabilidad.
Por eso, con palabras de Francisco os decimos: «no os dejéis robar la esperanza». Desde el misterio de la Eucaristía, vida entregada para la vida del mundo, os animamos aquí  y ahora, en este momento de nuestra historia, a mirar la realidad desde los pobres, a escuchar su clamor y a generar cada día  pequeños espacios de esperanza.

Madrid, 15 de mayo de 2014
Comisión Episcopal de Pastoral Social
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[1] BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Sacramentum caritatis, 10.
[2] Cfr. Mt 26, 26-28; Jn 15,3; 1Cor 10,17; 11, 17-34; Cfr. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, n. 59.
[3] Cfr. FRANCISCO, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 187-192. En adelante EG.
[4] Nos referimos a los datos de Eurostat (2013) y al estudio “Análisis y Perspectivas 2014” de la Fundación FOESSA, publicado el 27 de marzo de 2014  bajo el título “Pobreza y Cohesión Social”.
[5] Cfr. FRANCISCO, Exhortación Evangelii Gaudium, 192.
[6] Cfr. FRANCISCO, Exhortación Evangelii Gaudium, 191.


RUEDA DE PRENSA DE PRESENTACIÓN DEL MENSAJE:

19 de febrero de 2013

Cáritas Española defiende el derecho a la vivienda


Cáritas está viviendo muy de cerca la dramática realidad de muchas familias a las que acompaña para remediar la situación de grave vulnerabilidad creada por la pérdida de su vivienda. Junto a la puesta en marcha de respuestas adecuadas a las víctimas de este problema en las distintas Cáritas Diocesanas y Parroquiales de todo el país, nuestra Confederación ha venido sumando sus esfuerzos al de otras muchas instancias de la sociedad civil y de la comunidad cristiana en la búsqueda de soluciones que frenen el sufrimiento cotidiano de tantas personas y familias que han perdido sus hogares o están a punto de perderlos.
Por ese motivo, Cáritas valora positivamente la participación ciudadana y la respuesta social creciente de la sociedad civil, cada vez más sensible al problema del acceso a la vivienda, que ha cuajado en una Iniciativa Legislativa Popular que la pasada semana fue admitida a trámite en el Congreso de los Diputados. Nos mostramos esperanzados por la decisión unánime de los grupos parlamentario de admitir a trámite una iniciativa ratificada por casi un millón y medio de firmas en todo el Estado, así como por su compromiso de agilizar su tramitación y, en especial, por que se haya proclamado en sede parlamentaria la cercanía de nuestros representantes con las propuestas contenidas en la ILP.
Este precedente, que supone un motivo de franca esperanza, no debe ocultar la realidad de consternación provocada por el sufrimiento de no pocas familias y vecindarios que se ven sacudidos por la ejecución de desahucios, hasta el extremo de provocar la muerte de personas víctimas de la desesperación y el sinsentido a la que se han visto abocadas ante la pérdida de sus hogares.
Cáritas comparte el clamor popular antes estas injusticias y une su voz a la de los propios afectados y de otras instancias sociales –jueces, juristas, defensores del pueblo de las Comunidades Autónomas y del Estado, Ayuntamientos y numerosas entidades sociales--, que de forma unánime reclaman, ante la situación de emergencia habitacional que actualmente vivimos, la puesta en marcha urgente de medidas efectivas y permanentes que detengan la pérdida del hogar de tantas familias y eviten la repetición de situaciones traumáticas como las que estamos viviendo.
El acceso y  sostenimiento de la vivienda, unos de los derechos fundamentales en cualquier proceso de desarrollo personal y social orientado a preservar la dignidad de las personas en situación más precaria, se ha convertido en los últimos años para la Confederación Cáritas en una de las mayores prioridades de nuestra respuesta a los efectos sociales de la crisis. Nuestros ejes de acompañamiento a las personas más golpeadas por esta realidad se han dirigido en esta triple dirección:
- Favorecer las condiciones de acceso a la vivienda, especialmente en alquiler, y apoyar el mantenimiento de ese acceso.
- Impulsar la mejora de las condiciones de habitabilidad de toda la población en situación de exclusión y, en especial, en la red de recursos residenciales que tiene Cáritas en todo el Estado.
- Apoyar las medidas que eviten los fenómenos de segregación y gueto que en ocasiones conlleva el acceso a la vivienda.
A la luz de estas respuestas, en Cáritas somos testigos directos de la situación de máxima emergencia social creada por las más de 400.000 ejecuciones hipotecarias llevadas a cabo en los últimos cuatro años. Esto nos hace insistir en la necesidad urgente de acometer medidas sostenidas en el tiempo que eviten, en concreto:
• la pérdida de la vivienda habitual, con una moratoria de todos los desahucios y, en su caso, con la negociación de figuras jurídicas como el alquiler social o la cesión que permitan el uso y disfrute del hogar y,
• la deuda personal de deudores de buena fe, a través de la dación en pago, que deberá aplicarse también de manera retroactiva en aquellos supuestos donde, llevado a cabo el lanzamiento de la vivienda, las personas afectadas siguen pagando la deuda contraída con la entidad bancaria o el particular.
En este sentido, al tiempo que saludamos la medida de activación del alquiler social que ha supuesto la creación del Fondo Social de la Vivienda --con la participación de entidades bancarias, organizaciones sociales y Administraciones públicas--, advertimos la limitación de su impacto ante la magnitud del problema y manifestamos nuestra honda preocupación respecto a las posibilidades abiertas con la creación del SAREB (Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, S. A.) y su implicación real en el destino de sus activos a vivienda de alquiler social.
Asimismo, ante la tramitación de una ley que proteja a los deudores hipotecarios y que intenta aunar los esfuerzos llevados a cabo por el Gobierno en el último año de dar una respuesta a la situación vital de emergencia habitacional de tantas personas, insistimos en que la dramática situación de vivienda actual no puede ni debe abordarse desde la concepción de la vivienda como un mero bien de intercambio económico. Todo lo contrario: es imprescindible contemplar su necesaria función social y dar cumplimiento al mandato constitucional de promover el acceso de toda persona a una vivienda digna y adecuada.
Creemos especialmente oportuno apelar a la invitación a abrirnos a la esperanza y a la responsabilidad social lanzada por los obispos españoles a la comunidad cristiana y a toda la sociedad durante la celebración de la última Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, donde, en una nota titulada “Ante la crisis, solidaridad”, abordan el acuciante drama de la vivienda y recuerdan que “la comunidad cristiana quiere y debe ser un signo de esperanza. Todos hemos de dar en nuestra vida signos de esperanza para los demás, por pequeños que sean. Hoy deseamos pedir a quien corresponda que se dé un signo de esperanza a las familias que no pueden hacer frente al pago de sus viviendas y son desahuciadas. Es urgente encontrar soluciones que permitan a esas familias - igual que se ha hecho con otras instituciones sociales - hacer frente a sus deudas sin tener que verse en la calle. No es justo que, en una situación como la presente, resulte tan gravemente comprometido el ejercicio del derecho básico de una familia a disponer de una vivienda. Sería un signo de esperanza para las personas afectadas. Y sería también un signo de que las políticas de protección a la familia empiezan por fin a enderezarse.”
Comisión Permanente de Cáritas Española
Madrid, 15 de febrero de 2013

11 de noviembre de 2012

Huelga General 14N



Los trabajadores y trabajadoras y la ciudadanía en general estamos convocados a la Huelga General el próximo 14 de noviembre de 2012. La Huelga General es un acontecimiento de la vida social de gran importancia e incidencia, por lo que no puede resultar ajeno a los seguidores de Jesucristo y nos exige una toma de posición coherente con nuestra fe, decisión que precisa del discernimiento personal y comunitario.

Desde el Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera invitamos a la oración y reflexión serena. El primer paso es la mirada de la realidad con los ojos misericordiosos de Dios, y en particular, de la situación de aquellos que más están sufriendo las consecuencias de las medidas políticas que se están adoptando. La escucha atenta de la llamada que en esa realidad nos hace el Señor a través de su Palabra, nos llevará a una decisión seria y responsable.

La Huelga General es una acción concreta y, por tanto, puede valorarse lo acertado o no de la misma. Después de ese ejercicio de discernimiento puede haber hermanos nuestros que entiendan que su fe les lleva a dar testimonio de Jesucristo entre sus compañeros y compañeras y en la sociedad participando desde su condición de cristianos en ella. Desde el Secretariado de Pastoral Obrera lo reconocemos como un ejercicio de sacrificio cristiano, ya que supone una renuncia a un día de salario y, en muchos casos, quedar marcado en la propia empresa con el consiguiente riesgo de pérdida del empleo, todo ello en un momento económico difícil. Pero, sobre todo, resulta un ejercicio de solidaridad con los más empobrecidos, y por tanto, una vivencia de la caridad política a la que estamos convocados especialmente los cristianos laicos. Porque, además de la acción caritativa que da respuesta inmediata a las necesidades de las personas y familias afectadas por el empobrecimiento, son necesarias acciones concretas que incidan en la transformación de las estructuras políticas y económicas que están causando ese empobrecimiento, esas estructuras de pecado a las que el beato Juan Pablo II hacía referencia en Solicitudo Rei Socialis.

Sea cual sea la decisión que cada persona adopte, hacemos un llamamiento a no ser indiferentes ante lo que está ocurriendo. Es un momento privilegiado para dar testimonio en medio de nuestra sociedad de las implicaciones de la fe cristiana, de promover o de unirnos a tantas iniciativas que buscan poner en el centro de la vida política y económica al ser humano, que tratan de crear las condiciones para que todas las personas puedan vivir con la dignidad de tales, con la dignidad de hijos e hijas de Dios. Ante el sufrimiento y el dolor (desesperación, suicidios, miseria, ...) que están produciendo las medidas económicas y políticas, es necesario contribuir a construir la gran familia humana en base a la fraternidad y la solidaridad.

Ofrecemos las reflexiones y posicionamiento que van haciendo los movimientos apostólicos obreros y Delegaciones y Secretariados Diocesanos de Pastoral Obrera. PINCHA AQUÍ.

9 de agosto de 2012

Cáritas Española defiende y reclama, de nuevo, el derecho a la salud de las personas más vulnerables

Ante el proyecto de orden remitido  por el gobierno a las comunidades autónomas sobre el pago de 710 euros anuales a los inmigrantes ilegales  para tener acceso a la sanidad pública.